Las manos de un pianista sobre el teclado: en la mano derecha, el anular y el meñique se flexionan involuntariamente bajo la palma.

Distonía focal

Hablar de mi gesto con Marc

Investigador y formador

Doctorando que desarrolla su investigación en el IRCAM, fisioterapeuta y diseñador de formación, Marc Papillon dedica hoy su actividad a explorar los mecanismos del gesto musical, su control y su aprendizaje.

Desde hace treinta años explora junto a los músicos las interacciones entre percepción, movimiento, emociones, cognición y expresión artística. Su enfoque ha pasado de una relación entre terapeuta y paciente a una investigación compartida, en la que el músico se convierte en protagonista de sus propios experimentos.

Ante la distonía focal, ya no se trata solo de corregir una disfunción o de recuperar un gesto anterior, sino de explorar otras organizaciones motoras, experimentar con la variabilidad y desarrollar nuevas posibilidades de interpretación.

Este enfoque se extiende a la formación de los músicos, al aprendizaje instrumental y vocal, y a la prevención de las dificultades ligadas a la práctica musical.

Su objetivo es hacer del músico un explorador de su propio gesto, capaz de observar, cuestionar, experimentar y transformar su manera de tocar.

El músico, explorador de su propio gesto

La distonía focal afecta sobre todo a músicos experimentados. Tras años de actividad profesional, estos músicos presentan trastornos motores no dolorosos que provocan la contracción involuntaria de determinados grupos musculares.

Estos trastornos aparecen con el instrumento, en pasajes concretos, y a menudo apenas molestan en las demás actividades de la vida cotidiana. Sin embargo, en las distonías focales más marcadas, los mismos síntomas pueden describirse en actividades ajenas a la práctica instrumental, como la escritura, el uso del ratón o del teclado del ordenador y otras actividades manuales finas y repetitivas.

Hoy la distonía focal se conoce mejor, tanto en las manos como en la embocadura de los instrumentistas de viento.

Los orígenes de la distonía focal del músico son diversos: cambio de instrumento o de técnica, cambio en el ritmo de trabajo, estrés, miedo escénico, un contexto y un entorno difíciles…

La mano derecha de un guitarrista sobre la boca del instrumento: los dedos se crispan y se cierran sobre las cuerdas.

Evolución de la distonía focal

Un dedo se ve afectado por el movimiento distónico y los demás empiezan, de forma insidiosa, a compensar. Es entonces todo el conjunto funcional de la mano o de la embocadura el que se ve afectado.

Lo más habitual es que los espasmos musculares se vuelvan más frecuentes; muy rara vez su repetición provoca fenómenos compensatorios dolorosos.

La importancia del diagnóstico

Diagnosticar estos trastornos motores involuntarios y no dolorosos que alteran la interpretación instrumental no siempre es fácil… Las molestias descritas son variadas, y la distonía focal se manifiesta de forma distinta según el instrumento y el músico. Los músicos tienden a veces a disimular sus dificultades técnicas, y los síntomas pueden pasar desapercibidos. Además, las diferencias de vocabulario pueden dificultar la comunicación entre artistas y médicos.

Las manos de un flautista sobre las llaves: en la mano derecha, el anular y el meñique se flexionan bajo la flauta. La mano izquierda de un violinista sobre el mástil: dos dedos permanecen flexionados bajo el diapasón.

Dudas y cuestionamientos

Estos trastornos motores, mal diagnosticados durante los primeros años, desestabilizan profundamente al músico. Todo se derrumba poco a poco a su alrededor: pierde calidad técnica, nivel, legitimidad. Las relaciones con los colegas se vuelven delicadas, y mientras la distonía no esté clara en la mente del músico, menos aún lo estará para quienes lo rodean.

Resulta entonces «fácil» para el entorno interpretar estos trastornos como posibles problemas psicológicos.

Como consecuencia, el músico empieza a hacerse demasiadas preguntas que no siempre tienen razón de ser, y se instala cierta confusión. Sus grandes dificultades para tocar, que su entorno musical no logra explicar de forma racional, lo encierran en un comportamiento que después será necesario transformar.

Los trastornos psicológicos y conductuales derivados de esta disfunción deberán tenerse en cuenta a lo largo de todo el proceso de exploración y aprendizaje.

El músico se tranquiliza cuando escucha un discurso claro y preciso sobre lo que está viviendo.

Agravamiento del gesto

En el caso de una distonía focal, el músico tiene grandes dificultades para tocar, sin que su entorno musical pueda ofrecer ninguna explicación racional.

El músico intenta contrarrestar el gesto perjudicial y luchar contra su distonía «a la fuerza».

Así refuerza un esquema erróneo y acentúa los síntomas de la distonía que se va instalando.

Síntomas

La distonía focal no es dolorosa.

Este trastorno se manifiesta como un movimiento involuntario de uno o varios dedos durante un pasaje musical concreto; sin embargo, fuera de la interpretación, la mano afectada suele funcionar con normalidad.

Los dedos cubitales son, con mayor frecuencia, los más afectados.

El músico puede sentir rigidez en los dedos, fatiga o molestias en la mano, lo que provoca notas falsas o le impide mover los dedos con fluidez.

La relación agonista/antagonista de los músculos flexores está alterada. En la embocadura, se trata de la relación entre el orbicular de los labios y los músculos dilatadores.

El equilibrio funcional de la lengua es primordial. Hay un trabajo considerable que hacer entre la posición de la lengua y su dinámica durante la interpretación.

En lo que respecta a la mano, la cintura escapular es también una clave fundamental para sostener la mano en el espacio de la mejor manera posible, evitando cualquier compensación.

La embocadura de un trompista: los labios tirados hacia un lado, el mentón crispado. Un trombonista en pleno esfuerzo, con la embocadura descentrada y los músculos de las mejillas tensos.

Etiología

Distingamos entre los músculos protagonistas, que realizan los movimientos en la parte distal del miembro, y los músculos fijadores, que mantienen la posición del miembro y dan eficacia al gesto sin entorpecer la acción de los protagonistas. Fisiológicamente, estos dos grupos musculares trabajan de forma sinérgica. Esta coordinación falla en la distonía focal, en la que se observa un trastorno postural fundamental.

Aunque la causa neurobiológica exacta de las distonías focales aún no se ha esclarecido, parece que la combinación de una práctica instrumental intensa con trastornos sensoriomotores, posturales, conductuales y psíquicos, y a veces con una predisposición genética o factores anatómicos desfavorables, podría estar en el origen de esta afección singular.

Disolver la ansiedad, el estrés negativo y el miedo escénico

Prepararse con eficacia. Presentarse al 100 % de sus capacidades. Presentarse plenamente y estar dispuesto(a) a incomodar, a no gustar, a ser ignorado(a) o despreciado(a)… ¡nada de eso, en realidad!

Preparación mental (actitud)

Desarrollar la concentración y tocar con seguridad en cualquier circunstancia, con objetivos claros. Un enfoque fino y ergonómico desarrolla las cualidades buscadas: velocidad, resistencia y placer de tocar.

Ni falsa desesperanza: el músico es capaz de volver a tocar con placer.

Ni falsa esperanza: el músico no volverá a tocar como antes, y probablemente sea en su propio interés.

¡Prevenir la distonía focal y las patologías funcionales de músicos, actores y bailarines es la competencia número 1 del propio artista!

Una de las competencias más cruciales, y a menudo subestimadas, en la vida de un artista es la capacidad de tocar durante largos periodos sin lesionarse ni sentir dolor, manteniendo al mismo tiempo la calidad de su expresión artística. Esta competencia tiene una importancia particular en la carrera de un artista, porque va mucho más allá del simple dominio técnico del cuerpo.

En primer lugar, tocar sin dolor es esencial para preservar la salud física a largo plazo. Los artistas pasan muchas horas al día ensayando y actuando en el escenario, lo que puede ejercer una presión considerable sobre su cuerpo, en particular sobre las manos, los brazos, la espalda y los hombros, la nuca, los labios y los miembros inferiores… El dominio del cuerpo en su globalidad, así como en sus especialidades —la embocadura, las manos y a veces los pies—, es mucho más importante que lo que se llama técnica instrumental o vocal, demasiado a menudo concentrada en el extremo de la cadena (solo las manos y/o los labios). Un artista que puede tocar sin dolor está mejor preparado para mantener una carrera duradera y seguir desarrollando su arte.

Además, tocar sin dolor permite preservar la calidad de la expresión artística. El dolor y la incomodidad pueden desviar la atención del artista de la interpretación misma, reduciendo así su capacidad de conectar emocionalmente y de transmitir esas emociones al público. Un artista que puede tocar con total comodidad física tiene más libertad para explorar los matices de la música, expresar sus emociones y crear una experiencia profunda y auténtica.

En definitiva, tocar durante mucho tiempo sin dolor manteniendo la calidad de la expresión artística es un desafío exigente, pero se trata de una competencia fundamental para todo artista que se preocupe por su carrera y por su arte. Exige un compromiso constante con la salud física, la técnica corporal y el desarrollo artístico, pero la recompensa merece la pena, porque permite al artista seguir compartiendo su pasión con el mundo entero.

Hablar de mi gesto con Marc

Describa lo que ocurre cuando toca. Marc lee cada mensaje y le responde personalmente, para ver juntos los pasos siguientes: una sesión individual o la formación más adecuada.

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